sábado, 29 de octubre de 2011

El Norte

Durante unos cuantos días he podido dejar atrás el bochorno mediterráneo y darme el gusto de dormir con pijama y manta.


Sierra de La Culebra, Zamora.

Después de setecientos kilómetros de estepa agostada se agradecen las nubes.



Subida a Los Portillinos, León.

Emocionantes noventa kilómetros de soledad casi total. La niebla, la llovizna y la cercanía de la noche la hicieron aún más sobrecogedora.

Aún así, la épica de sus 1950 metros es mayor en una kawasaki 550. Sólo tú y tu máquina.



"Extendí la mano y toqué la nada".





Un descanso merecido.


Quirós.

Un agosto como tiene que ser. Fresco, lluvioso y gris.



Santuario del Acebo, Cangas del Narcea.








Tormaleo. Minas de carbón a cielo abierto.

"El horror, el horror".





San Antolín de Ibias.

El lejano oeste astur.

Un palomar.

Puerto de El Palo.



Canchales.





Puerto de La Cubilla.

Uno de los colosos que incomunican Asturias y León. Sólo la parte asturiana está asfaltada y subir aquí tenía el propósito de reconocer el terreno para una futura incursión con la Zephyr.



Esta subida casi me cuesta el divorcio cuando mi Santa vio la altura que íbamos cogiendo, la ausencia de quitamiedos y, especialmente, cuando se enteró que había que bajar por el mismo sitio.





Esta es la pista que, tras coronar a 1683 metros, lleva hacia León. Tengo la duda de si los lugareños habrán exagerado su mal estado (yo en su lugar también lo haria).

En cualquier caso, al fondo, donde se ve aquel 4x4, veréis un día mi Kawasaki.

Santa Cristina de Lena.

Doce siglos os contemplan.

Me imagino la devoción de aquellas gentes, aquel bravío reino que recien nacía y construía iglesias diminutas en medio de la espesura con el acero musulmán esperando su momento al otro lado de los bosques.





Puerto de Leitariegos.
Haciendo amigos.




La pata de éste otro tenía bastante mal aspecto.



Puerto de Somiedo.






Valle de Saliencia.

Pallozas.



Subida a la Farrapona.





Una Vespa.




Se acaba el asfalto y hay que caminar.









Pero había una buena razón para la caminata: Los Lagos de Somiedo.





Una vieja mina de hierro.



Que aún tiñe de rojo los arroyos.



La naturaleza reclama lo que es suyo. Nacimiento de estalactitas.




Ante la insistencia de algunos expedicionarios...




...llegamos al fondo del valle.



El agua bulle de vida




¿Os acordáis de esta foto?




Es que en el alto se acaba la diversión para algunos...


....pero no para mi ¡Al ataque!








Torrestío, León.

Al final no era para tanto, la señal lo dice todo.




Salimos a Babia y nos encontramos con algún problema de circulación.




El resto estaba donde siempre.





El día del regreso, durante la subida al Puerto de  Leitariegos para reentrar en la Meseta, Asturias nos hizo un último regalo.




Después de mil diecisiete kilómetros y doce horas y pico llegamos a casa.






2 comentarios:

  1. Esta crónica no la conocía jejeje
    Espero que puedas volver con la 550 y hacer esa ruta de los Picos que tenemos pendiente ;)
    V´ss

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  2. Espero que sea este verano. Claro que sí.

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